10 abril 2014

Mi primer medio maratón y un domingo perfecto en Madrid

Como muchos sabréis si me seguís por Twitter, Instagram, o simplemente porque os he dado mucho la vara en persona en las últimas semanas, el domingo pasado corrí mi primer medio maratón en Madrid. Quien se asome por el blog quizá no lo haya detectado porque no hablo mucho de ello por aquí, pero hace aproximadamente un año que me ha picado la locura de lo que ahora se llama running (vamos, correr) y he estado entrenando en serio. Ya hace muchos años que salgo a correr, pero antes era corredora esporádica, y si hacía alguna carrera era algo muy puntual y de no más de 8K. Yo era de las que decía eso de que las largas distancias no eran lo mío, y que para qué correr más de una o dos veces por semana. Lo que siempre me ha apasionado es la natación, pero lo de correr era un territorio poco conocido para mí.

Pues bien, el año pasado no sé cómo me cambió el chip y empecé con esto en serio. Porque correr es muy duro al principio y, si no superas esa barrera —y no sales al menos 4 veces por semana— el cuerpo no se acostumbra y los músculos dicen "de qué vas, no quiero correr". No voy a extenderme mucho sobre todo esto porque no sé si os interesa y el tema da para largo, pero para mí este domingo pasado ha representado un gran momento de superación personal. Las carreras de 10K que había hecho en los últimos meses, y sobre todo la de 15K en marzo (una nueva distancia para mí), fueron un buen entrenamiento para el domingo. Sin embargo, con varios problemas de salud puntuales y una tensión muscular persistente en el sóleo que no me quitaba de encima, mi entrenamiento no fue el que quería. De hecho, no llegué correr más de 15 km de distancia antes del medio maratón...



Por ello, y porque era mi primer medio maratón, en la capital europea más alta (después de Andorra la Vella), llena de cuestas y sin un momento en llano, no tenía ni idea de qué iba a pasar. Ya me había resignado a tener quizá que andar algún trozo, y a no correr mi mejor tiempo, claro, porque con tantos desniveles no es una carrera muy rápida...


Sin embargo, la emoción de la carrera, el ir a un paso adecuado en los primeros 10 km y en muy buena compañía, hizo que no solo pudiera correr la carrera entera, sino que disfrutara del recorrido y terminara con un tiempo decente dentro del poco entrenamiento que había podido realizar (2:15:45). Y lo mejor, ¡mi músculo sóleo se portó bien y no me molestó!  OBJETIVO SUPERADO :)

Aparte del clima perfecto, el subidón de haberlo pasado tan bien en la carrera y de las miles de personas reunidas en el Retiro y alrededores, el día continúo de lo más perfectamente madrileño... Después de tantas visitas a Madrid, no habíamos probado nunca un cocido. ¿Cómo era posible? Esto había que remediarlo, así que reservamos una muy merecida comilona en Casa Carola. Todo un clásico de la ciudad recomendado por una buena amiga madrileña. ¡Y ya os podéis imaginar lo bien que entró un cocido tan rico después de correr 21 km! Allá nos dirigimos, después de una buena ducha, claro, al número 54 de la calle Padilla (cerca de la cual habíamos pasado corriendo unas horas antes).





El plan continúo como no podía ser de otra manera: ¡con una siesta reconstituyente! Pero tras la siesta nos lanzamos de nuevo a ese Madrid tan primaveral, feliz y dominguero, y aprovechamos para ver en Museo del Prado la interesante exposición sobre Las Furias. El tema del sufrimiento físico nos pareció muy apropiado para después de un medio maratón. ;)

{Prometeo encadenado, Rubens y Snyders}

{Ticio, de José de Ribera}
Además pudimos ver a la pizpireta Gioconda"la otra", que la verdad me gusta casi más que la original y se puede ver más de cerca.

El domingo continuaba con un sol radiante y el horario de verano que tanto alarga el día... No podíamos dejar de visitar el cercano parque El Retiro, que por supuesto estaba radiante después de tantas lluvias invernales, y lleno de gente disfrutándolo.




Y para terminar, qué mejor que descubrir un pequeño-gran restaurante mexicano en el centro de la ciudad: DF Bar (Metro Antón Martín). Las tortas (bocatas mexicanos) y las micheladas estaban im-pre-sio-nan-tes.



Volveremos pronto, Madrid. Ahora es el momento de nuevas experiencias y destinos más lejanos. Estaré unos días en Tokio y Kioto, pero hasta que vuelva me podéis seguir por Instagram... ¡seguro que me vuelvo loca con las fotos!

04 abril 2014

Macarons de té verde matcha y vainilla

Estos días estoy inspirada con los macarons, y después de hacer estos de limón me entraron ganas de probar algo nuevo. He estado experimentando con el matcha en polvo (té verde) para cocinar, aunque —aparte del clásico latte de matcha— los resultados no me han entusiasmado. Pensé que añadirlo a las conchas de los macarons para darles sabor a té, además de un color verde muy primaveral, sería divertido.

Como además tenía en la despensa unas preciosas vainas de vainilla (valga la redundancia), me propuse hacer un relleno inspirado en el delicioso Infiniment Vanille de Pierre Hermè. El resultado me ha encantado... el amargo del matcha con la dulce y aromática vainilla funcionan MUY bien.  :)



Pero he de añadir que estos me salieron algo "rugosos" (comparad con estos) porque por no pasarme no hice suficiente macaroneo al final del proceso. Por suerte es un error fácil de solucionar y que no afecta al sabor.  ;)




¡Que paséis un buen fin de semana!

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02 abril 2014

Hearst Castle, California:
una extravagante mansión de principios del s. XX

En lo alto de una colina, en San Simeón, California, se encuentra una rareza en el paisaje en esta zona donde, por lo demás, predomina la naturaleza y el océano. Siguiendo por la Pacific Coast Highway desde Big Sur, justo después de pasar a los elefantes marinos de Piedras Blancas, vemos "la Cuesta Encantada" (así la llamaron sus dueños), sobre la que se yergue el extraño y fascinante Hearst Castle, la mansión que encargó construir el magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst.


A principios del siglo XX Hearst amasó una gran fortuna comprando periódicos por todo el país (hasta 28 en su momento más alto). Gran parte de esa fortuna la dedicó a construir y llenar de obras de arte esta mansión que él simplemente llamaba "el rancho". En los terrenos de alrededor (¡más de 51 hectáreas!) había incluso animales salvajes, como cebras, que formaban parte del "zoo" del rancho. Algunas de sus descendientes todavía pastan por allí.

La mansión realmente es un popurrí de estilos. Todo lo que veía y le gustaba a Mr. Hearst en sus viajes por Europa, se lo traía y "obligaba" al arquitecto a introducirlos en el diseño de la mansión, como los techos de iglesias y monasterios, alrededor de los cuales se construían las estancias, y no al contrario. Y se nota, porque cuando visitas las salas parece que más bien estés en una iglesia o catedral europea que en una mansión privada.

En los años 20 y 30, Hearst solía celebrar muchas fiestas en "el rancho" y sus invitaciones eran muy deseadas. Allí cenaron personajes como varios presidentes de EE.UU., Charlie Chaplin, Cary Grant, los hermanos Marx... vamos, todo aquel que estuviera en el candelero en la política o en Hollywood. Los cinéfilos quizá sabréis que su personaje inspiró a Orson Welles, que no lo deja muy bien parado en Citizen Kane ("el castillo", muy apropiadamente, lo llamó Xanadú).

La mansión fue donada por la familia Hearst al estado de California en 1957 —¡que estas extravagancias, señores y señoras, cuestan mucho de mantener! Por eso ahora se puede visitar, y hasta en el tour te dicen que si quieres donar dinero para mantener a la pobrecita mansión de tan pobrecita familia (que conste que sus herederos todavía la usan de vez en cuando, si no mirad el Instagram de Amanda Hearst ;)

El Castillo Hearst también ha aparecido en otras pelis y anuncios, pero más recientemente ha sido el escenario perfecto para la también extravagante Lady Gaga en su último video, G.U.Y., que si os apetece podéis ver aquí. {En el minuto 7:26 hay una bonita panorámica de la propiedad.}

Y sin más dilación, os dejo con unas fotos de esta curiosa e icónica mansión californiana...











{bungalows para los invitados que pasaban la noche en el rancho}

{la fabulosa Neptune Pool, sin duda lo mejor de la mansión, aunque la piscina cubierta es también una pasada...}



{Vale, quizá lo mejor sean las vistas. Océano Pacífico hasta el infinito.}


{Bonita, ¿no? Esta también sale en el video de Lady Gaga ;) }


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