La tarta que os traigo hoy es tan, TAN clásica, que no sé cómo no la había hecho aún. Hace algún tiempo había probado a hacer otras tartas de queso, pero no el archiconocido New York Cheesecake. La principal diferencia de esta y otras tartas de queso es su gran tamaño y la masa, que además de harina y mantequilla lleva huevo. Si habéis visitado Nueva York, o alguna ciudad de Estados Unidos, seguro que habéis visto/probado este postre tan popular que hasta dio nombre a una cadena nacional de restaurantes (que no estoy recomendando, ojo). Y si no lo habéis probado nunca, veréis que no es difícil de hacer. ¿Os animáis a hacerlo en casa?
La sorpresa de este cheesecake es que, con unas cerezas sobrantes que tenía de la última cherry pie que hice, las puse sobre la base de la masa creando un anillo exterior. Así, al cortar un pedazo de tarta nos encontramos con cerezas, que además le dan un toque interesante. Las cerezas estaban preparadas con azúcar, zumo de limón y vainilla (podéis ver el proceso aquí), con lo cual tienen mucho sabor. Con esto también añado que para hacer variaciones podemos añadir otras frutas (cocidas o maceradas) sobre la base de la tarta, por ejemplo peras, que también le van muy bien.
¡Feliz fin de semana!
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